Reunión de Consorcio

Sin pensarlo mucho, desande las cuadras que separan mi casa, la de toda la vida, de mi casa, la nueva, la que está en el proceso de refacciones más largo que la historia de la construcción recuerde. A todos nos llega. A veces solos, a veces acompañados. Busco membresía en el club de hombres independientes y por fin abandono la casita de los viejos, en busca de nuevos horizontes.

El nuevo destino es cerca de casita, la de siempre. No vaya a ser que la lejanía me haga morir de inanición. Además, en Canal 13 dicen que estar cerca es bueno. Nunca me llevé con el Grupo Clarín pero esta vez les hice caso. Son cinco cuadras, que me alejan un poco más de Caballito y me sumergen en el Boedo profundo, el de los poetas desgarrados por mujeres que los abandonan, el de las chicas con sus rulos ochentosos, el de los transas tomando por asalto las calles durante las noches.


Caminando por las veredas arboladas de Carlos Calvo, me di cuenta que soy tan Boedo que estremece. Me reconozco en esa melancolía tanguera y en los bares que invitan a las reflexiones profundas y apasionadas. Ahora me acerco más a la neurálgica San Juan y Boedo, corazón de ese barrio que detenido en el tiempo se reinventa permanentemente.


En el palier del edificio me esperaba un grupo de seres desconocidos, compañeros futuros de viajes en ascensor, donde el tema del clima se repetirá incansablemente. Me recibieron entre curiosos y expectantes. “Soy el hijo de Foppoli”, dije sin más demora, “voy a vivir en el 5to. C”. Me sentí bienvenido. El Administrador se sacó las ganas de preguntar por mi madre. Resultó que la conocía de su época de supervisora. El trabajaba en una cooperadora escolar. Y si, el mundo es pequeño. A veces más de lo que nos gustaría.


El personaje central de esta historia llegó sobre el final, como corresponde. La del 4to C bajó del ascensor del fondo, decidida y con carpeta en mano. Bien aferrada a su pecho, como para que las verdades allí contenidas no cayeran en manos indeseables. “¿Vos quien sos?”, me preguntó amable. Puse el cassette de la presentación anterior y pronto comprendí que viviría exactamente arriba de ella. ¿Era este el fin de mi sueño de convertirme en estrella del malambo norteño?


Al verla tan encendida en el comienzo de sus intercambios con el Administrador se empezaron a hacer añicos mis fantasías sobre mujeres desnudas corriendo del living a la cama y mis prácticas con una distorsionada e implorante Fender Stratocaster. Para darle plafón y curso a ese y otro tipo de excesos, seguramente tendría que comenzar a trabajar en su sensibilidad materna y en cierto morbo edípico, regalándole amplias y hermosas sonrisas cómplices. Todavía no son tiempos para excentricidades propias de un rockstar. Todavía no me mudé.


El orden del día, indicaba que el único tema a tratar era el arreglo completo de caños del edificio. Dos presupuestos combatían ferozmente por quedarse con el magro botín. Uno pertenecía a quien había comenzado el trabajo y lo había dejado a medio terminar en el mes de octubre, cuando un vendabal de críticas y oposiciones pararon las obras por tiempo indeterminado. El otro, se acercaba en valores, pero correspondía a un sujeto del que no se conocían mayores antecedentes. ¿Malo conocido o bueno por conocer? Esa era la cruel disyuntiva.


En ningún momento hubo agresiones verbales pero si un irritante y elevado tono de voz durante el debate, como cuando a uno lo llaman de otro país y grita porque piensa que el interlocutor está lejos y esa es la única forma de que nos escuche bien. Se escucharon sentencias tales como “eso es una falacia”, “los escombros que quedaron en la terraza son un foco de infección del dengue”, “se cansaron de meter palos en la rueda”, y “háganse cargo de la decisión que están tomando”.


Ésta última perteneció a mi amiga del 4to C, instantes después de haber perdido catastróficamente la votación por 7 a 2. Ganó malo conocido y eso generó el inolvidable momento de ver a mi vecina subiendo al ascensor furiosa para bajar nuevamente al minuto, pedir permiso para decir algo, tratar de votar nuevamente y retirarse ya vencida no sin antes aventurar catastróficas profecías al más puro estilo Lilita Carrió. Siguiendo la vieja tradición argentina en conflictos bélicos me abstuve de apoyar a alguna de las dos posturas. Pero confieso que hubiera preferido a bueno por conocer.


¿Resuelto? el tema en cuestión, los propietarios comenzaron a retirarse a sus aposentos. Los pocos que nos quedamos departimos sobre otras cuestiones como el cambio de cerradura de la puerta de entrada o pintar el edificio. Allí se habló de llaves mágicas que todo lo hacían, con poderosos imanes y registro de a que hora salía cada inquilino, para poder encorsetar a los que dejaban la puerta abierta por descuido o como modus operandi para no tener que bajar en reiteradas ocasiones a recibir a las visitas. Nos estábamos yendo cuando el Administrador se percató que no habíamos arreglado de qué forma se iba a pagar el arreglo de la polémica. ¿Quieren que les cuente el cuento de la buena pipa?


Como en los clásicos relatos circulares, aquello que parece el fin de una historia quizás no sea nada más ni nada menos que el mismísimo comienzo. Vociferantes, apasionados, por momentos ridículos pero nunca exentos de ternura. Esos son mis nuevos vecinos. Tan humanos, tan reales, tan imperfectos, que ya los estoy queriendo.

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Periodista, 38 años, espíritu libre, explorador incansable, viajero compulsivo. No sabe cómo vivir la vida sin pasión. La música lo atraviesa a través de su vida pero es, paradojicamente, su deuda existencial. Está empezando a saldarla. Ser complejo e intrigante, solo lo conocen profundamente quienes se atrevieron a amarlo sin condiciones. De todas las experiencias de su vida saca algo positivo. Este blog da testimonio de ello. Están invitados a explorar las profundidades de su ser.

¿Sos un Correveidile?

Según el diccionario de la Real Academia Española consultado gracias a los santos evangelios de Google, el Correveidile es una persona que lleva y trae cuentos y chismes. La palabra surge de la frase "corre, ve y dile".


Muchas veces ninguneados y acusados injustamente de alcahuetes, han sido fundamentales para ponerle un poco de pimienta a nuestras vidas.


En definitiva, el Correveidile no es más que un mensajero interesado en que se sepa lo que pasa. Ese es mi compromiso con ustedes, manga de buchones!!! Espero no defraudarlos.

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